16 febrero 2010

Cartas para Patricia

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Y no sé cómo decirte que me gustaría cerrar los ojos y que por unos segundos todo desapareciera; que no pretendo escribir ahora un cuento de ogros ni hadas; ni con ello excusarme, no sé cómo decirte que a veces pintarse los labios carmín es mucho más difícil de lo que parece.

Sin saber cómo ni por qué hoy como todos los días me he levantado con una espada de madera en mi mano; y después de cómo siempre haber dormido cuatro horas ya no quiero luchar contra reyes; ni castillos; ni trabajos; ni jefes.

Y mientras una vez más para despertarme me lavo la cara me pregunto cómo se podrá crecer tan rápido y como las agujas del reloj correrán tan deprisa y aunque lloraría no me queda más remedio que de nuevo enfundarme de tacón mis zapatos e ir a clase a demostrar lo que buena noche; después de poner una lavadora; recoger; cocinar y barrer; llevo preparando.

He llegado a casa; y ya no tengo hambre; podría ducharme; pero mi espalda encogida del frío que se pasa en el castillo; ya no me responde y solo quiero que en esta hora los minutos pasen hasta que llegue el momento de volver a encerrarme en él; para estar como siempre radiante; amable y sonriente; porque las princesas ni lloran ni padecen; y es que dicen que las cosas de palacio van despacio; sobre todo si ya es día diez; cuando no quedan ya ni floretes ni coronas; suerte que soy princesa y mi transporte ya esta pagado.

Me gustaría ser más fuerte; pero no lo soy; y que cuando por fin salgo y respiro este aire que por unos segundos me hace dejar de pensar las horas que tengo pendientes de todo lo que TENGO que hacer pisando segundo a segundo lo que QUIERO hacer; lo único que pienso es estar un rato con él y que de nuevo en su caballo blanco; aunque gris; me deje en mi casa; para antes de dormir volver a empezar este cuento que ni es de ogros ni de hadas.

Y eso no significa que no me acuerde de ti; que no te eche de menos; ni que no quiera verte; y si navegas entre mis recuerdos te darás cuenta de que te echo más veces de menos de lo que piensas.

En realidad solo quería pedirte que me perdonarás; y que espero verte pronto delante de un café; yo puedo ofrecértelo ya lo sabes en mi casa; y si es fuera depende de a que alturas incluso podría invitarte; pero bueno; ya sabes cómo somos las “princesas”: hablamos por los codos.

25 enero 2010

Telones y Lagartijas

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Me arrepiento y me dices que de nada sirve ahora llorar en hombros de cartón mientras las agujas corren y las palabras se deshacen.


Pero las lágrimas me han llevado a sentarme en el alfeizar de cualquier ventana y recordar; recordar como cuando como a un pajarillo al que le están creciendo las alas sentía que podía aprender a volar, aunque las lagartijas me dijeran que eso era imposible.


Como día a día que las alas crecieran un milímetro más y se hicieran un mínimo más fuertes; no solo era la razón de mi existencia, sino que además merecía la pena, aunque las lagartijas siguieran diciéndome que ni con las más largas y más fuertes alas podría volar.


Y recuerdo aquel tiempo en el que soñé ser actriz y me daba igual lo que las lagartijas dijeran. Pero aquí estoy señoras lagartijas: ¡Me rendí! Y parece que con lo que duele la herida llevase décadas o años sin alas, pero tan solo fue hace un par de semanas cuando las perdí; o más bien, las di por perdidas.


¿Y sabes qué? Debí escucharme a mí, y no a las lagartijas, que ni siquiera saben lo que es un telón descubierto y aún menos sabrán hablar.