Egon Friedell dijo una vez:
“En el teatro, donde, según la falsa concepción del ignorante, se encuentra el reino de la máscara, del disfraz y del disimulo, aparece el hombre verdadero, menos artificioso, menos maquillado que en ningún otro lugar. Este es el verdadero sentido de esa «prostitución» que produce el arte teatral: cae el biombo que encubre el alma, y el ser interno se manifiesta. El teatro es precisamente mucho más de lo que cree la mayoría de la gente: no es ningún cuadro multicolor, no es simplemente «teatro», sino algo que desata y libera; por lo mismo, algo mágico en nuestra existencia"

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